jueves, 6 de noviembre de 2025

JUDIT Y HOLOFERNES


JUDIT Y HOLOFERNES

Autor.- Esta obra salió de los pinceles de Domenico Tintoretto.
Fecha de ejecución.- En la actualidad, se desconoce la fecha exacta en la que Tintoretto realiza esta obra, datándose como una obra creada en el siglo XVI.
Técnica.- Óleo sobre lienzo.
Medida.- 198 x 325 cm.
Libro de la Biblia.- Libro de Judit.
Texto del Evangelio.- Judit 12,7 - 20. 14, 1 - 9
Lugar donde se encuentra.- Museo Nacional del Prado.
Localidad.- Madrid.
País.- España.

TEXTO DE LA BIBLIA

 Holofernes mandó a su guardia personal que no se lo impidieran. Judit permaneció en el campamento tres días. Cada noche se adentraba en el valle de Betulia y se bañaba en la fuente. Al regreso suplicaba al Señor, Dios de Israel, que orientara sus pasos para exaltación de los hijos de su pueblo. Una vez purificada, volvía a la tienda y permanecía allí hasta que le servían la cena. El cuarto día, Holofernes mandó preparar para sus servidores un banquete, al que no fue invitado ninguno de sus oficiales. 11Dijo al eunuco Bagoas, que era su camarero: 

    «Ve y convence a esa mujer hebrea que tienes a tu cargo, para que venga a comer y beber con nosotros. Sería una vergüenza que la dejáramos marchar sin gozar de sus favores. Si no consigo poseerla, se reirá de mí». 

    Bagoas salió de la presencia de Holofernes, entró en la tienda de Judit y le dijo: 

    «No rehúse esta hermosa joven el honor de ser invitada por mi señor para beber y alegrarse hoy con nosotros, lo mismo que hacen las mujeres asirias que viven en el palacio de Nabucodonosor». 

    Judit le respondió: 

    «¿Quién soy yo para decir que no a mi señor? Haré al punto lo que guste y ello será para mí motivo de orgullo mientras viva». 

    Se vistió y se puso todos sus adornos de mujer. Su criada fue por delante y extendió en el suelo, frente a Holofernes, las pieles que le había dado Bagoas para que, a diario, comiera reclinada sobre ellas. Cuando Judit entró y ocupó su lugar, Holofernes se turbó y, presa de la pasión, sintió un violento deseo de poseerla. De hecho, desde el día en que la vio por vez primera, estaba buscando la ocasión de seducirla. Holofernes la animó: 

    «Bebe y diviértete con nosotros». 

    Judit le contestó: 

    «Con mucho gusto, señor, porque mi vida se siente hoy enaltecida». 

    Entonces ella tomó lo que había preparado su criada, y comió y bebió en presencia de Holofernes. Él, fascinado por ella, bebió tanto vino como jamás había bebido en los días de su vida. Cuando se hizo tarde, los servidores de Holofernes se apresuraron a retirarse. Bagoas hizo salir a los rezagados y cerró la tienda por fuera. Todos se fueron a dormir, rendidos de tanto beber. En la tienda quedaron solo Judit y Holofernes, que estaba tendido en su lecho, totalmente borracho. Judit había mandado a su criada que permaneciera fuera del dormitorio y la esperase como los otros días. Había dicho que iría a hacer oración y así se lo había indicado a Bagoas. Cuando todos hubieron salido del dormitorio y no quedó absolutamente nadie, Judit, en pie ante el lecho de Holofernes, oró en silencio: 

    «Señor, Dios todopoderoso, mira con benevolencia lo que voy a hacer para gloria de Jerusalén. Ha llegado la hora de ayudar a tu heredad y cumplir mi propósito de aplastar a los enemigos que se han levantado contra nosotros». 

    Se dirigió hasta la columna del lecho próxima a la cabeza de Holofernes, descolgó su espada, se acercó al lecho y, sujetando la cabeza por el pelo, dijo: 

    «Dame fortaleza en este momento, Señor, Dios de Israel». 

    Entonces, con todas sus fuerzas, le asestó dos golpes en el cuello y le cortó la cabeza. Hizo rodar el cuerpo fuera del lecho y arrancó de las columnas el dosel. Salió rápidamente y entregó la cabeza de Holofernes a su criada

Judit 12,7 - 20. 14, 1 - 9

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