EL TRIUNFO DE DAVID
Autor.- Esta obra fue realizada por Nicolas Poussin.
Fecha de ejecución.- Nicolas Poussin realiza esta obra en el año 1630
Técnica.- Óleo sobre lienzo.
Medida.- 100 x 130 cm.
Libro de la biblia.- Primer Libro de Samuel
Texto de la Biblia.- Primer Libro de Samuel 17, 20 - 27; 41-58
Lugar donde se encuentra.- Museo Nacional del Prado.
Localidad.- Madrid.
Lugar donde se encuentra.- Museo Nacional del Prado.
Localidad.- Madrid.
País.- España.
TEXTO DE LA BIBLIA
David se levantó temprano, encomendó el rebaño al pastor, cogió la carga y se puso en camino, como le había ordenado Jesé. Llegó al cerco, cuando el ejército salía en formación, lanzando el alarido de guerra. Israel y los filisteos formaron, escuadrón frente a escuadrón. David dejó un guardián a cargo del bagaje que traía en su mano y se acercó corriendo al escuadrón. Al llegar, saludó a sus hermanos. Estaba hablando con ellos, cuando el retador, de nombre Goliat, de Gat, subía de los escuadrones filisteos. Pronunció aquellas palabras, de modo que David las escuchó. Al ver a aquel hombre, todos los israelitas huyeron de su presencia muy aterrados. Uno dijo:
«¿Habéis visto a ese hombre que sube? Ha subido a retar a Israel. El rey colmará de riquezas a quien le mate, le dará como esposa a su hija y eximirá de impuestos a la casa de su padre en Israel».
David preguntó a los que estaban a su lado:
«¿Qué le harán a quien mate a ese filisteo y haga desaparecer tal afrenta de Israel? ¿Porque quién es ese filisteo incircunciso para insultar a los escuadrones del Dios vivo?».
Los soldados le respondieron con las mismas palabras: «Así harán a quien lo mate».
Agarró el bastón, se escogió cinco piedras lisas del torrente y las puso en su zurrón de pastor y en el morral, y avanzó hacia el filisteo con la honda en mano. El filisteo se fue acercando a David, precedido de su escudero. Fijó su mirada en David y lo despreció, viendo que era un muchacho, rubio y de hermoso aspecto. El filisteo le dijo:
«¿Me has tomado por un perro, para que vengas a mí con palos?».
Y maldijo a David por sus dioses. El filisteo siguió diciéndole:
«Acércate y echaré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo».
David le respondió:
«Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina. En cambio, yo voy contra ti en nombre del Señor del universo, Dios de los escuadrones de Israel al que has insultado. El Señor te va a entregar hoy en mis manos, te mataré, te arrancaré la cabeza y hoy mismo entregaré tu cadáver y los del ejército filisteo a las aves del cielo y a las fieras de la tierra. Y toda la tierra sabrá que hay un Dios de Israel. Todos los aquí reunidos sabrán que el Señor no salva con espada ni lanza, porque la guerra es del Señor y os va a entregar en nuestras manos».
Cuando el filisteo se puso en marcha, avanzando hacia David, este corrió veloz a la línea de combate frente a él. David metió su mano en el zurrón, cogió una piedra, la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente. La piedra se le clavó en la frente y cayó de bruces en tierra. Así venció David al filisteo con una honda y una piedra. Lo golpeó y lo mató sin espada en la mano. David echó a correr y se detuvo junto al filisteo. Cogió su espada, la sacó de la vaina y lo remató con ella, cortándole la cabeza. Los filisteos huyeron, al ver muerto a su campeón. Los soldados de Israel y Judá se pusieron en pie, lanzaron el alarido de guerra y persiguieron a los filisteos hasta la entrada del valle y hasta las puertas de Ecrón. Los filisteos acribillados quedaron tendidos en el camino de Saarayin hasta Gat y Ecrón. Los hijos de Israel regresaron de perseguir a los filisteos y saquearon su campamento. David cogió la cabeza del filisteo y la llevó a Jerusalén. Las armas, las dejó en su tienda. Cuando Saúl vio a David salir al encuentro del filisteo, preguntó a Abner, jefe del ejército:
«Abner, ¿de quién es hijo ese muchacho?».
Abner respondió:
«Por tu vida, majestad, que no lo sé».
El rey le ordenó:
«Pregunta de quién es hijo ese muchacho».
Cuando David volvió de matar al filisteo, lo tomó Abner y lo condujo ante Saúl. Traía en su mano la cabeza del filisteo. Saúl le preguntó:
«Muchacho, ¿de quién eres hijo?».
David respondió:
«Soy hijo de tu siervo Jesé, el de Belén».
Primer Libro de Samuel 17, 20 - 27; 41-58
